miércoles, 26 de octubre de 2016

Refugiados en Galicia: Del Tabqa a A Coruña. La historia de Ahmad, el creador de sonrisas



Ahmad en el campamento de refugiados


Son las once menos cinco de la mañana y para variar, llueve en Compostela. Llego cinco minutos antes de lo acordado, por lo que tengo que cobijarme bajo los soportales más cercanos. No estoy muy nerviosa a pesar de que Ahmad será la primera persona de Raqqa con la que me encuentre personalmente después de tantos años, imagino que ese vínculo tan cálido para mí es el que no me hace estar ni si quiera algo inquieta como de costumbre antes de un encuentro.

Son las once de la mañana y Ahmad llega con una sonrisa acompañado de Leticia, quien se ha convertido en su ángel de la guarda. Lo primero que hace Ahmad después de saludarle es reírse y mirar a Leti para decirle "¡Tiene acento de Raqqa, de Raqqa, shawi!". Conjuntamente decidimos tomar un café antes de que Ahmad conozca la ciudad. Me pregunta sobre mí, y le hago un resumen breve: le hablo de cuando salí de Siria, lo que estudié, en lo que me especialicé...Le hablo del blog y también sobre mi  reciente tesina y es cuando Ahmad se pone serio y abre los ojos "¿Pero eso es peligroso, lo sabes no? Sabes que escribir sobre Raqqa siendo de Raqqa ahora mismo es muy peligroso, no quiero asustarte pero es así" Asiento con la cabeza para transmitirle que estoy al tanto del peligro. Ahora es mi turno y le pregunto sobre él. Me cuenta que él es originario de Tabqa, que tiene 31 años, que es carpintero aunque siempre soñó con ser psicólogo. Me cuenta también que salió de Siria en noviembre del 2015. Él junto a otro amigo, lograron salir por un precio inferior a la tarifa establecida por los contrabandistas para sacar a la gente de Siria. Bueno, en realidad te acercan a la frontera turca, pero eso no te asegura nada. Ahmad me relata con todavía gran impacto la dura travesía, que para mí es ya conocida: Es el mismo angustioso y duro camino que familiares y amigos han realizado. "Tuvimos que trepar alto, y luego tenías que agacharte, te llenabas de barro. Había mujeres, ancianos, niños llorando (...) Yo mismo fui testigo como la policía turca disparaba a alguien".

Una vez en Tuquía Ahmad se asentó en Gaziantep, como gran parte de la población que huye de Raqqa. Allí trabajó de carpintero, para luego trasladarse a Estambul, donde más tarde se reuniría con su hermano y familia. Por lo que cuenta Ahmad parece que su estancia en Estambul no fue nada fácil, es allí donde tuvo que realizar mucho esfuerzo y pedir dinero para poder viajar a Europa. Pero Europa no lo recibió bien, no al menos como él y sus compatriotas merecían y necesitaban. En el campamento de refugiados en Grecia convivió junto a otros sirios esperando a ser trasladado a otro país. Fue allí donde conoció a Leticia que trabajaba como voluntaria. Juntos forjaron una sólida amistad que les permite combatir las adversidades a las que Ahmad se enfrenta. "La situación en los campos era nefasta. La gente suele  padecer depresión por dos motivos esenciales:  Por una parte, no saben lo que será de ellos, nadie les dice nada. Y por otra parte, no tienen nada qué hacer en todo el día. Solo pensar y esperar. Aunque esto por suerte está cambiando al final, se están creando una especie de pequeñas comunidades" confiesa Leticia, que además señala la paranoia  y manifestaciones de violencia en los niños que "No solo dibujan cosas tristes (botes, etc.) o violentas, sino que fabrican jugueres en forma de modelo de armas muy preciso con la basura o la madera que encuentran en los campos". Además, Ahmad y Leticia me hablan de un capítulo espeluznante que tuvo lugar en el campamento, cuando sospechosamente unos aviones volaron bajo sobre el campamento. Fue entonces cuando el horror, el miedo y la paranoia se apoderó de los habitantes. El ruido producido por los aviones, les recordaba a la causa que les había empujado a salir de sus casas: La guerra, el peligro de muerte, las bombas de las que fueron testigos. Es en medio de este relato cuando Ahmad hace un apunte interesante "Es fuera cuando empiezas a darte cuenta de todo. Dentro ya asimilas que esa es la realidad, convives con ello anulado, fuera es cuando empiezas a darte cuenta de todo". Y añade después de mi intervención "Menos para los de Damasco. En Raqqa decíamos que en Damasco Al dunia Bi Kher (La vida va bien). Allí la gente sale a los restaurantes, va a la universidad, y tienen algo que se asimila más a una vida normal, pero en Raqqa y otras zonas, no".  Ahmad sufre estrés post-traumático, y ha desarrollado una sensibilidad extrema a visualizar cualquier escena de violencia "El otro día estábamos viendo una película, y las escenas de violencia eran insoportables"  Recuerda como fue testigo de escenas macabras, de ver cadáveres en la luz del día. Explica como los niños no eran conscientes de nada, y que incluso eran capaces de jugar con ellos, sin saber lo que tenían entre las manos. 

Cuando hablamos sobre Daesh, Ahmad se pone todavía más serio. "No dejan vivir a la gente en paz. Siempre están en la calle vigilando a las personas y señalando lo que tienen que hacer, como se tienen que vestir. Un coche con un altavoz le grita a la gente que tiene que ir a rezar cuando es la hora de la oración". Mi especial interés por el tema, me empuja a preguntarle a Ahmad por la Batalla del Tabqa, que tuvo lugar en agosto de 2014 entre Daesh y el Ejército Sirio. Recuerda esos días con claridad y detalle "El ejército sirio estaba dentro del aeropuerto. Daesh rodeó el aeropuerto con sus miembros afganos para detectaran y acabaran con todo aquel que hablaba árabe". Añade que "Muchos miembros importantes del ejército salieron en avión desde el aeropuerto". No puedo evitar tampoco  preguntarle sobre la percepción de la gente sobre los bandos enfrentados en el conflicto "Con decirte que nosotros, después de que Daesh tomara la zona, vivíamos al lado de la hidráulica no teníamos electricidad, y las zonas próximas controladas por el régimen, sospechosamente sí la tenían. ¿Quién crees que se lo suministraba?". Ahmad no es el primer sirio que plantea esta paradoja, o esta situación confusa, que otros originarios de Raqqa han manifestado "Hay muchos negocios" sentencia.



Ahmad colaborando en el campamento de refugiados 

Hace un mes que Ahmad llegó a Coruña. Después de vivir mucho más de lo expuesto, que no deja de ser una leve pincelada a su dura realidad, ha intentado re-construir la vida que la guerra ha destrozado. Vive con una familia coruñesa, en siete meses ha aprendido a hablar inglés de una forma excelente y está acudiendo a clases de castellano, y también al psicólogo. Además de ello, Ahmad está realizando actividades de voluntariado, y contribuyendo a la sensibilización de la sociedad gallega respecto al conflicto sirio. Se siente integrando, y feliz en la ciudad, pero se enfrentó a un dilema injusto impuesto por el rígido y nefasto sistema de asilo nacional. Solicitó ser beneficiario como le corresponde por sus circunstancias en el Programa de Refugiados del Ministerio de Interior,  pero éste le obliga a acatar sus reglas, esto es: Es el Ministerio de Interior quién decidirá en qué ciudad española vivirá Ahmad, si quiere que sus necesidades sean cubiertas y que la ayuda necesaria se le suministre. Ni ACCEM encargada de implementar el programa, ni el gobierno local puede hacer nada al respecto "Después de salir de Siria, estoy intentando reconstruir mi vida, pero no me dejan" Ahmad dice sentirse "como una oveja". Ha sido despojado de cualquier libertad de elección desde Siria hasta Galicia, y ahora se enfrenta a un duro dilema: Empezar de cero de nuevo, y tener algo a lo que agarrarse pero con el precio de dejar a su nueva familia en Coruña, o quedarse sin amparo económico y social, pero recuperando su autonomía y mostrando resistencia ante un sistema totalmente deshumanizado e inflexible, dado que no tiene en cuenta el estado de vulnerabilidad en el que se encuentra el joven, y el esfuerzo que está desempeñando en normalizar su vida.

La semana pasada el Programa tomó la decisión por Ahmad, y decidió que su destino sería Barcelona. Ahmad tenía pocas horas para dar una respuesta, y tras pedir un tiempo extra a ACCEM (Que finalmente le concedió tres días y medio para pensar la respuesta), y varios conflictos internos, el valiente chico ha decidido quedarse en Coruña, tomando las riendas de su propia vida, eso sí, no recibirá ayuda alguna por parte del Programa. Es consciente de las adversidades, de la falta de cobertura que tendrá, pero Ahmad ha ganado una batalla ante lo injusto, y también una familia y unos amigos en los que apoyarse. Es importante tener en cuenta que este sistema no incluye ninguna clave humanitaria, algo ciertamente impensable tratándose de un programa de asilo y protección, donde la existencia del mismo se justifica por la necesidad de dar amparo a aquéllos que huyen de la guerra. Hemos sido testigos de decenas de titulares y eslóganes que anunciaban la "bienvenida a refugiados", y "la acogida" pero aunque exista la buena voluntad de las personas, organizaciones y asociaciones, los individuos y colectivos  no tienen ninguna autoridad para hacer sus deseos realidad, dado que es el Ministerio quien tiene la última palabra. Por ello, debemos exigir la humanización del sistema de asilo, que lejos de facilitar la vida de los recién llegados de la guerra, crea una serie de trabas y un estado de incertidumbre y confusión a estas personas en tan frágil estado.

Me despido de Ahmad y me da su número de teléfono. Me enseña su móvil con su número y me señala el nombre con el que se tiene registrado a si mismo: "Ahmad Smile Maker". Me mira y me dice sonriendo "Todos dicen que lo soy". Además de crear sonrisas, Ahmad tiene el poder que dota la valentía, de desafiar la injusticia y de querer ser dueño de su propio destino,  algo que desde hace mucho tiempo desconoce.Así es como Ahmad piensa con el corazón.


Ahmad en la que él ha decidido que será su nueva casa: A Coruña

miércoles, 19 de octubre de 2016

Refugiados en Alemania: Miembros de seguridad agreden a una mujer en un campamento de refugiados en Berlín


Esto que acaban de ver ha tenido lugar en un campo de refugiados en Berlín. Una mujer es golpeada por los miembros de seguridad, mientras varias personas se amontona en la puerta para presenciar la terrible escena. Entre ellas, se encuentra alguien que ha decidido empezar a grabar la agresión mientras discute con otra persona que parece no querer que exista ninguna prueba material de lo sucedido "No te incumbe este asunto" se escucha entre el forcejeo de los dos hombres mientras se escuchan los gritos de la mujer que está siendo golpeada al fondo. A grito de impotencia y dolor, la persona que graba grita "¡Esto es Alemania!".

El vídeo comenzó a circular por Facebook hace poco menos de una semana, cunado Abdel Aziz Alhamza, portavoz del colectivo  Raqqa is Being Slaughtered Silently, hacía un llamamiento a medios de comunicación y a organizaciones internacionales para denunciar lo acontecido en el vídeo. Al mismo tiempo, la periodista Doha Hassan escribía en el muro de su Facebook el siguiente texto: "Hemos sido informados de que 120 refugiados sirios están en huelga en uno de los campos de Berlín. La administración ha cortado el suministro de comida, agua, aseos y electricidad.  Hace una semana, la propia administración también cambiaba las cerraduras. Se pretendía que los refugiados estuvieran fuera de los campos, a pesar de que poseen su estatus legal y que tienen permiso para estar en los campos en determinados momentos. Asimismo, las fuerzas de seguridad y trabajadores han agredido a cuatro chicas, porque se resistían a abandonar el campo. Estuvimos allí desde las 11:30 PM hasta la 1:30 AM, pero no encontramos al gerente. No estará allí hasta el lunes, y las fuerzas de seguridad no pueden decidir sobre este asunto".

Pero la limitación de los derechos legítimos de los refugiados no es algo nuevo. Ya en el mes de agosto, el gobierno de Alemania se encontraba en proceso de ultimar una serie de medidas para "combatir la amenaza terrorista" a causa de los dos ataques que tuvieron lugar en el país, y que posteriormente fueron revindicados por Daesh. Entre las medidas diseñadas, se contempla  la expulsión de solicitantes de asilo, con la ya recurrida justificación de alejar cualquier amenaza a "la seguridad pública". Lo interesante sería definir de una forma exacta de una vez por todas dicho concepto y sobre todo, de qué forma dentro de sus límites es legítima su violación a los derechos humanos como es la expulsión de quien demanda asilo y protección. Por supuesto que el debate sobre dicho concepto es apasionante, incluso necesario en un plano filosófico-político, pero moldear su naturaleza con el fin de coartar tanto los derechos fundamentales como las libertades individuales y colectivas es inconcebible. Sobre todo, si su moldeo e instrumentalización están sustentados por una xenofobia que se retroalimenta y se legitima. Y esto, no es más que un ejemplo de las múltiples medidas que manifiestan abiertamente la restricción de presencia de personas musulmanas. En definitiva, lo propio sería preguntarle a las fuerzas de seguridad si los golpes que esta mujer recibe, tienen como finalidad preservar la seguridad pública. En mi opinión, son ellos los que suponen un peligro para la sociedad, y no una persona aterrorizada cuya vida ha sido destrozada en mil pedazos.

El caso de Alemnia frente a la llamada "Crisis de los Refugiados" ha sido especialmente particular dentro de esta burbuja de des-humanización y oportunismo que se ha manifestado por toda la Unión Europa desde que para ésta misma existen los refugiados sirios, es decir, desde que la foto de Aylan Kurdi agitó de una forma masiva la supuesta conciencia europea. Desde entonces y hasta ahora, un millón de refugiados sirios han llegado a Alemania, y se estima que menos de medio millón también lo harán al terminar este 2016. Frente a una sociedad cada vez más fragmentada, y un incremento espectacular de apoyo a la ultraderecha, Alemania mostraba su generosidad  al acoger a refugiados suspendiendo la aplicación del Convenio de Dublín en agosto de 2015. El Convenio indica claramente que los refugiados deberán ser registrados en el país por el que hayan entrado a la UE. Con el objetivo de acoger a un mayor número de refugiados y por consiguiente agilizar los trámites de sus solicitudes Alemania se saltaba las normas para dar  marcha  atrás el 21 de octubre del mismo año retomando a la aplicación de Dublín.

Merkel dice mantener la promesa que realizó el año anterior, es decir, solucionar "la crisis de los refugiados". Frente al desbordamiento de la situación, la presión social y política los resultados no parecen corresponder con sus supuestas intenciones. Alemania ya no pretende agilizar la tramitación de solicitudes de asilo y darle cobijo a quien huye de la guerra. Lejos de ello, lo que pretende ahora es la deportación y expulsión de estas personas, recurriendo incluso si es necesario y como se demuestra en el vídeo, a la violencia, teniendo como comodín nuevamente "la amenaza terrorista". Lo que debería de plantearse si viviéramos en un mundo justo, es la necesidad imponer barreras a los abusos por parte del gobiernos y su necesidad de controlar a la sociedad por vía de sembrar el  temor y el rechazo a "los otros". También nosotros, deberíamos de plantear un debate público sobre ciertos conceptos, porque la impresión personal que poseo es que no lo tenemos claro ¿Qué es la seguridad pública? ¿Cuál es su precio? ¿Qué implica una amenaza terrorista? De primeras, ninguna respuesta a  las preguntas anteriormente planteadas justifican la agresión a una refugiada. Tampoco corresponde con la idea de negar asilo.

Justo hoy, se cumplen 75 años las primeras deportaciones sistemáticas de judíos a campos de concentración y a guetos. Una multitud se concentró hoy en la estación de trenes de  Grunwald en Berlín para recordar a esas personas que se subían a esos trenes de mercancía con destino desconocido. Seguimos sin aprender del pasado, a pesar de que no haya sido hace tanto, a pesar de que no haya acontecido tan lejos

jueves, 13 de octubre de 2016

La patrulla del Hisba: El microbus del terror

*El siguiente relato que se adjunta ha sido escrito en base a una carta recibida de Abu Reem, un ciudadano de Raqqa que posee una tienda en una calle concurrida. El nombre de Abu Reem es inventado para proteger su verdadera identidad.  Parte de los hechos relatados son reales, pero en alguna ocasión han sido alterados con la intención de darle cohesión y un mayor énfasis al texto, pero su base, idea principal, así como detalles facilitados por Abu Reem han sido conservados. Al final de su carta, Abu Reem firmaba: "Los hechos que le he relatado son reales, ruego hacerlos llegar a quién usted considere oportuno" La autora de este texto, considera que es necesario que al menos los lectores de este blog sean conscientes del horror que sufren los raqqawis en su día a día, en especial las mujeres y ancianas*

Resultado de imagen de hisba raqqa

Abu Reem abre su tienda como cada mañana. Bueno, como cada mañana no, como cada mañana que se lo permite el descanso de los bombardeos. Cuando éstos cesan momentáneamente, la vida cotidiana parece invadir las calles, pero de una manera mísera y gris. El mercado central que se encuentra en la calle paralela a la de la tienda de Abu Reem hace tiempo que ha perdido la vida que le caracterizaba. Por una parte, los precios desorbitados de los alimentos básicos impiden que las personas acudan al mercado con la frecuencia que antes lo hacían, y por otra parte, los propios alimentos carecen de calidad, sobre todo en los cinco meses del caluroso verano en Raqqa, pues los camiones que traen los alimentos pueden pasar días esperando para entrar en la ciudad, mientras tanto, el sol no perdona.

Abu Reem saca su silla de plástico a la calle, y mira al cielo esperando algo. Los niños empiezan a salir de las casas pero no para ir a la escuela, sino para quedarse jugando entre los escombros de un edificio derrumbado, o para ir al centro de adoctrinamiento donde Daesh consigue crear máquinas programadas para odiar y convivir con el terror. El hombre ve como otro día más la patrulla del Hisba circula por la calle. Un rato más tarde, y después de dar una vuelta entera a la manzana, el vehículo vuelve de nuevo, esta vez para estacionar al final de la calle. Del microbus blanco con las letras del Hisba pintadas se bajan dos hombres. El conductor, un hombre bajito y de origen saudí es miembro permanente de la patrulla, su compañero, varía en función del turno. Ambos bajan del vehículo, pero  quedan dos integrantes más dentro. Son mujeres, y su misión es acudir en caso de que una detenida muestre resistencia a subirse al micro. Ambos hombres corren rápido por la sombra que produce el alto edificio que se eleva al lado de la acera donde han estacionado el micro. Ambos cargan a sus espaldas una escopeta. Con chilaba blanca hasta los pies, caminan con paso lento mirando vigilantes, como cazadores, hacia un lado y otro de la calle: Empieza la ronda de hoy.

 El nombre de este cuerpo del Hisba  ha variado a lo largo de la historia. Mientras que originalmente hisba hacía referencia a "cuenta" el vocablo pasó a tener connotaciones más complejas y de mayor peso para la constitución de una estructura de gobierno islámico, pues durante el Califato Abásida  (750-1258) Hisba se denominó a la institución constituida para asegurar el cumplimiento de la sharía. Tanto como la Oficina de Administración Local junto a la Oficina de Inspección de Mercados, permanecieron vigentes  hasta la abolición del Imperio Bizantino (1453). El encargado de la oficina era denominado como "Muhtaseb" cuya función era la de vigilar que tanto en la vida social como en el ámbito comercial se cumplieran las normas religiosas establecidas, que fomentan el bien y alejan del mal. Por lo tanto, el organismo adquiere vital importancia dado que su existencia se basa en el control exhaustivo de las costumbres y relaciones sociales, así como actividades comerciales, establecidas dentro de la comunidad. Para Daesh ha sido importante recuperar este departamento para legitimar su acción. Lejos de velar por el bien de la comunidad y protegerla del mal, los miembros del Hisba proceden a controlar cualquier mínimo detalle de la vida cotidiana de los habitantes, anulando cualquier  libertad de los individuos, como también sembrando miedo a cualquier persona que no obedezca las absurdas normas establecidas por la organización. Sin olvidar la extorsión que sufren los ciudadanos para no ser castigados de una forma violenta y atroz por no cumplir con los mandatos del grupo. 

Los dos hombres del Hisba entran en una tienda de carne. Le indican al dueño que el precio debe cambiar. Su próximo destino es una tienda de ropa femenina que tiene en su escaparate un maniquí. Los hombres entran furiosos a la tienda para pedirle explicación al comerciante. Al parecer, en las últimas circulares, quedaba terminantemente prohibido la exhibición de maniquíes en los escaparates de los establecimientos y también en su interior. El hombre explica que no es su intención ofender ni retar a las autoridades y que su único fin es mostrar cómo su mercancía quedaría puesta en los cuerpos. Finalmente, ha sido afortunado, porque ha podido evitar ir al micro con destino desconocido a cambio de la desorbitada cifra en la actualidad de 10.000 liras. Les ha dado todo lo que tenía, es decir sus ahorros, ahora se pregunta ahora como sobrevivirá "Las vidas no tienen precio" piensa.

Al salir, tropiezan con lo que parece una mujer. Y es que parece porque ese "ser" va envuelto en negro, con a cara completamente tapada. Abu Reem se dispone a recoger su silla y se mete dentro de su tienda, porque visualiza la situación que se avecina y no puedo soportar verlo más. La mujer queda paralizada. El más bajo de estatura, el saudí, señala el microbus sin decir ni una palabra. Todos conocen el nuevo lenguaje y lo que esa seña significa. La mujer, que iba acompañada por su marido se reacciona como toda desafortunada de cada ronda: Suplica, ruega, llora, implora, pero el saudí reitera su movimiento de brazo señalando el microbus. Según logra escuchar Abu Reem desde lejos, entiende que el  delito de la mujer ha sido llevar puestos unos calcetines de color claro, y no negro como dicta la norma. Pero podría ser otra causa la de su detención, podría ser algo igual de absurdo como llevar perfume, no llevar un velo suficientemente grueso, no llevar zapatos negros sin adornos...Tras el cristal de su ventana, Abu Reem visualiza como el otro integrante del Hisba le susurra algo al oído al marido de la acusada. El hombre, que permanecía hasta el momento sin pronunciar ni una palabra se lleva las manos a la cabeza, da la impresión de que si estuviera en su casa, estaría a punto de comenzar a llorar, pero no lo hace. Como si estuviera siendo apuntado con una pistola, se dirige hacia su mujer: "Quedas divorciada, Que Allah te perdone y me perdone a mí por ser tan débil como tú con tu condición de mujer, y no saber protegerte y velar que  cumplas las normas". Los dos hombres del Hisba se miran uno a otro y sonríen cruelmente. Nadie puede visualizar la cara de la mujer en ese momento, pero Abu Reem logra sentir su palidez desde su posición. El resto de comerciantes y personas que atraviesan la calle intentan averiguar qué sucede pero sin hacer mucho ruido, pues puede que sean ellos los próximos.

La mujer empieza a llorar de nuevo, pues parece que no querer subir al micro. El conductor se acerca unos metros al vehículo y hace una seña. A  los pocos segundos, bajan las dos mujeres de constitución gruesa, y una de ellas se dirige directamente hacia la detenida para golpearla y después agarrarla del cuello. La otra, opta por agarrar del brazo a la detenida y forzándola, la dirige al micro para darle un golpe antes de introducirla dentro del vehículo. Abu Reem se siente impotente siendo testigo cada semana de escenas similares, llora en silencio y siente náuseas reales por no poder decir nada mientras intenta ser no visto. Recuerda como la semana pasada, una mujer fue obligada a subir y con ella su anciana madre que portaba una bolsa de la tienda de Abu Reem mientras se llevaba las manos a la cara y las introducía dentro del velo frontal para secarse las lágrimas. Nadie conoce el destino de los que suben al micro, pero todo saben lo que seguramente signifique subirse a él y no tener dinero para canjear el castigo por una cantidad desorbitada de dinero que en la ciudad nadie tiene. Abu Reem se lamenta de vivir en un mundo miserable que ignora estas escenas macabras y el desagrrador día a día en Raqqa. El vehículo arranca y se marcha por hoy. Otra zona de la ciudad le espera, otros futuros desafortunados subirán a él. Después de asegurarse de su partida, Abu Reem vuelve a salir a la calle, y de nuevo, mira al cielo...esperando algo.





domingo, 25 de septiembre de 2016

Alepo: El mundo es testigo de un nuevo holocausto, y lo está consintiendo.

Es desesperante que el mundo no comprenda que lo que el régimen de Bashar Al Asad está llevando a cabo en Alepo no es una ofensiva, sino una matanza. Lo doloroso ya no es la indiferencia absoluta de la Comunidad Internacional, ni tampoco leer y escuchar las barbaridades de quienes apoyan al régimen criminal, lo más triste es que lleguemos a comer con las noticias de Siria en el fondo, viendo como uno de los Cascos Blancos saca a un bebé bajo los escombros, y que sigamos comiendo tan tranquilos, porque "nos hemos acostumbrado". Lo grave, de todo "esto" es el grado de normalidad que ha adquirido ante nuestros ojos. 

Muchas veces, en algunas charlas o encuentros oigo eso de "En la televisión no sale nada sobre Siria" y yo siempre me quedo pensando al respecto de esta afirmación que yo considero engañosa. Personalmente, no considero que los medios de comunicación no hablen de Siria. Por lo contrario, todos los días se habla de Siria, pero  la realidad es mucho más peligrosa, y es que se habla de Siria mucho, y mal, y lo peor, de una forma totalmente deshumanizada. Esta "sobre- desinformación" como me gusta llamarle, hace daño, y mucho. Y una nueva ocasión para mostrar sus nefastas consecuencias, está siendo el holocausto que se está llevando a cabo en la ciudad de Alepo.


Estado actual de Alepo. Destrucción absoluta. Fuente: Itv.com

Mientras los shabiha celebran patrióticos y exaltados la mal llamada ofensiva, llevada a cabo por su presidente, a muchos nos gustaría saber qué celebran exactamente.  El centenar de asesinados diariamente, las bombas de barril que caen a cada instante y junto a ellas, las otras armas más potentes, nuevas y prohibidas por Derecho Internacional Humanitario que se utilizan sin limitación alguna -entre ellas, bombas de fósforo-, o el médico por cada  mil personas que queda en Alepo, la hambruna producida por el asedio, la miseria que acapara cada rincón de la ciudad, o más bien lo que queda de ella...La justificación más escuchada es que para sacar a los "terroristas" de la ciudad, no queda otro remedio que aceptar estos "daños colaterales" Además de que esta afirmación deja en evidencia el déficit no solo ético o moral, también analítico y realista, no entiendo cuál es más terrorista, el bebé que mencionaba al principio, la madre que se le derrumbó la casa encima mientras dormía con sus dos hijos, los señores que son atendidos en los suelos de los hospitales a falta de las camillas o las miles de historias similares...No  lo sé.  Lo que sí veo con claridad es que el mundo ha de nacer y renacer infinitas veces, para volver a tener la conciencia tranquila ante el genocidio que se está llevando a cabo en  Siria.



Bombas de fósforo blanco lanzadas por la aviación de Asad y Putin. Fuente: Andan (Disponible vídeo en Youtube)


Los pocos hospitales que quedan en pie carecen de material y camas para curar a los heridos y se inundan de sangre. Fuente: CNN

Mientras,  El régimen, sus shabiha, sus aliados rusos e iranís, EEUU, Naciones Unidas, se ríen no solo de la legítima causa Siria como es su rebelión ante un tirano, sino que  directamente contribuyen a que esta  MATANZA continúe, pese al empeño  del régimen de disfrazarlo como "una guerra contra el terrorismo" o alardee sin razón de "alcanzar acuerdos políticos" que no son más que imposiciones y amenazas que como resultados dan lugar a unas limpiezas étnicas. Ni siquiera ya se muestran amagos de "preocupación" o intentos de "mediación".  Si no nos quedaba claro, el gran papel de las Naciones Unidas en Siria, pocas dudas quedaron después que The Guardian destapara las contribuciones económicas que ONU realizaba al entorno de  Asad, ninguno de ellos conocido por escrúpulos, ética, y manos limpias de sangre si no fuera suficiente con ello, el 90% de la ayuda humanitaria proporcionada es destinada únicamente a las zonas controladas por el régimen, mientras, el resto de Siria muere a causa de los bombardeos, de desnutrición y falta de asistencia médica. ¿Cuáles son las exigencias imposibles de la sociedad civíl? Un corredor humanitario, una zona de exclusión aérea y unas mínimas garantías que ante los ojos de esta Comunidad Internacional inútil parecen ser peticiones de lujo o caprichos sin más.. Todos los mencionados anteriormente  son cómplices de un exterminio absoluto consentido por todos ellos, y reforzado con nuestro silencio sobre-desinformado, que ningún sirio limpio de adoctrinamiento jamás olvidará.


Alepo en ruinas. Devastador estado de las infraestructuras. Fuente: El espectador

Me cuesta imaginar a Daryaya en 10 años, al igual que me cuesta imaginar a Homs, y Alepo. La devastación ha llegado a un extremo que anula cualquier posibilidad de divisar un futuro para las ciudades y sus habitantes. En el fondo nunca se reconstruirán sean cuales sean las estimaciones que haya hecho el Fondo Monetario para un hipotético futuro en Siria. No hay cientos de millones que puedan comprar el perdón y la dignidad del pueblo sirio.



Voluntario rescatando a un niño tras un bombardeo. Fuente: CNN

jueves, 15 de septiembre de 2016

La historia de Wasim Al Naser: Una injusta contradicción

Hablamos con Wasim, un refugiado palestino-sirio que necesita nuestra ayuda. Nos ha contado su historia, y es ésta:


Conocí a Wasim este verano. Me pareció una persona muy amable y educada. Lo primero que pensé cuando Wasim me dijo que era palestino criado en Siria, es que era de esas personas condenadas a estar injustamente en el medio, en tierra de nadie. Marcado por sus orígenes, su situación es fruto del caos, de la persecución y de la tragedia. Pero Wasim al contrario que otros, no se siente fuera de lugar, y ha empezado a construir una nueva vida y a resurgir de sus propias cenizas. Pero no se lo ponen fácil.
De padres palestinos, creció en Daraa, al sur de Siria en un campamento de refugiados palestinos. Wasim no tuvo ni tiene, nacionalidad, es apártida, el gobierno sirio no le otorgó nacionalidad a los refugiados palestinos. Cuando Wasim alcanzó la mayoría de edad, decidió estudiar la carrera de Filología Inglesa en Damasco. Después, se trasladó a vivir a Inglaterra en 2008, y fue nombrado como profesor de inglés en la Universidad de Cambridge. En 2010 retornó a Siria, meses después estallaría la revolución. No dudó en unirse a las primeras manifestaciones en contra del régimen de Asad, por ello en 2012 tuvo que huir de Siria dado que en cualquier momento sería detenido por participar activamente en dichas manifestaciones. Wasim huyó a Turquía para salvar su vida, allí residió dos años de manera ilegal. En 2014 decidió emprender un viaje a Brasil, una vez allí decidió viajar a Madrid. Al llegar, en el mismo Aeropuerto de Barajas pidió el asilo. Desde entonces, reside aquí, pero todavía no se le ha concedido el asilo. Nuestro amigo se encuentra en un limbo burocrático atrapado, que no le permite viajar, ni reencontrarse con su madre y sus dos hermanos que actualmente residen en Alemania.
Wasim habla un castellano perfecto. Se ha integrado de forma maravillosa por su propia fuerza de voluntad. Él está haciendo por si mismo lo que el gobierno español no hace por él, que es regular su situación. Wasim tiene un buen puesto de trabajo con el que está contento, pero no puede tener una vida normal. Dispone de la famosa tarjeta roja, que cada seis meses tiene que renovar, por lo tanto dispone de permiso de trabajo pero no de residencia.
Cuando le pregunto a Wasim por las excusas que le ponen para no agilizar los trámites me contesta "No te dicen nada. He intentado hacer una entrevista con el responsable del expediente y no me dejaron. Y he tenido 2 abogados y nada". Le pido que me escriba un mensaje para transmitirle a la gente y él me contesta indeciso "Bueno que yo no pido mucho. Pido un derecho básico de libertad de movimiento y poder salir y ver a mi familia en Alemania. Yo me gusta el país mucho y estoy muy integrado pero el gobierno me está complicando la vida. Vivo una contradicción, que tengo trabajo y estoy contento por un lado y por el otro lado tengo la inseguridad de no tener papeles"
Wasim tiene voluntad, tiene actitud, tiene unos sueños. Como otros en su situación tiene muchas capacidades y aptitudes de las que todos nos podemos beneficiar ¿Nos ayudas a que Wasim deje de "estar en el medio" y pueda empezar de cero como se merece? Solo tienes que firmar esta petición. Hagamos presión, denunciemos, que vean que no estamos ciegos. ¡Queremos un presente regularizado, seguridad y posibilidad de futuro para todos los refugiados que lleguen!


Escucha a Wasim, tú podrías estar en su situación.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Sueños "rebuscados".





CNN- Dailymail.uk.co












Llevo meses investigando sobre Raqqa para mi Trabajo de Fin de Máster. Sé que la elección del objeto de estudio fue arriesgada, y puedo asegurar que el proceso de investigación fue muy duro a todos los niveles.

Después de estas semanas de trabajo, mi estado de ánimo es una montaña rusa del revés. Quizás cuando se acababa la jornada de horas y horas escribiendo, borrando, buscando, para escribir y borrar otra vez, el consuelo era meterme en cama, pero lo sorprendente es que, mi mente no se alejaba ni en un momento de "ese objeto de estudio", aunque fuera desde una perspectiva mucho más personal y nada académica. 

A lo largo de estas semanas, un sueño solía repetirse frecuentemente. Esas noches, justo cuando notaba que comenzaba a entablar un diálogo conmigo misma en otra fase de consciencia, me trasladaba a otro lugar. Abría una puerta blanca y salía a la calle. Estaba en Raqqa. No podría describir si  era de mañana o de tarde. Tampoco, por sorprendente que parezca, hacía calor. Sí un bochorno extraño y un aire espeso, así que tengo la sensación de que miro a mi alrededor y todo lo veo en un tono marrón claro. Quizás, una tormenta de ayay* acababa de terminar, no lo sé. Sigo recto y cruzo la acera, a mi derecha está como siempre Abu Faisal** en su tienda, sosteniendo entre sus manos una radio y parece estar arreglándola. Mientras me paro a observarlo  tras el cristal de su ventana, comienzo a oler a pan recién hecho.  Proviene de la panadería de enfrente, pero hoy extrañamente no hay una larga cola esperando. Sigo mi camino recto, un poco desconcertada y cruzo la calle del Mansur. Ahí está Abu Alí en su librería. Me paro a recordar que de pequeña lo visitaba con frecuencia, aunque no necesitara nada. Simplemente para saludar o ver si por fin había llegado algún boli con goma que de verdad fuese efectivo. Pero  tanto Abu Ali, como Abu Faisal no me hablan, es como si ninguno de ellos me viera ni me oyeran. Nadie en la calle me reconoce.

Continúo mi camino recto y veo el ultramarinos que había abierto en mis últimos años en la ciudad. Siguen teniendo la máquina azul de sahlab halib*** fuera. Recuerdo como me indignara profundamente que existiera una máquina para esta bebida "Y entonces el señor que los vende en el carro y que pasa por la zona todas las tardes, de qué va a vivir?" Le preguntaba a mi padre que no paraba de reírse por mi enfado.

Decido seguir mi camino y ahora parece que entiendo algo. Es el recorrido que hacía todas las mañanas para ir al colegio. Tampoco tenía mucha pérdida, calle arriba, todo recto y luego tendría que torcer a la derecha. Como siempre, me paré a coger un ramito de jazmín en el mismo árbol pero esta vez, el jazmín está marchito y no huele a nada. Finalmente, giro a la derecha para reencontrarme con mis amigas del colegio en el mismo sitio donde quedábamos para entrar al colegio, pero esta vez, ahí no hay nadie esperándome.

Es ahí cuando me despierto, todas las noches en ese mismo momento. Pasadas unas semanas y después de analizarlo,  me di cuenta de que recreo ese camino para mantenerlo vivo y retenerlo de alguna forma. Comprendí que nunca llego al colegio porque sé de primera mano que fue bombardeado. El resto, consigo lograr visualizarlo, pero no deja de ser una ilusión en todos sus significados, porque siento y sé que ya nada ni nadie sigue igual en Raqqa.



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*Tormenta de arena
**Los nombres utilizados en este texto son ficticios, aunque los personajes y sus oficios reales.
***Leche con fecula. 

martes, 5 de julio de 2016

Utilices lo que sea para protestar, te lo arrancaré, te lo destrozaré, te mataré.





Ibrahim Qashush fue una de esas personas que dejó de lado su profesión para dedicarle a la revolución, su cuerpo, alma...y voz. Bombero de profesión, se convirtió en "cantante". Sus cánticos, sátiras y rimas le daban ritmo a las marchas pacíficas que se propagaron por Hama en el 2011 "Yallah Irhal ya Bashar" cantaba (Vamos, Bashar, vete ya). La gente se reunía en las calles de la ciudad, con pancartas ingeniosas y coloridas, y con banderas verdes de la Siria independiente, que eran cosidas en las casas por mujeres. Seguían el compás de Ibraim con sus palmas y sus coros, la esperanza todavía se sostenía entre los palos que sujetaban sus pancartas, a pesar de que las fuerzas del régimen estuvieran cerca y pudieran, de nuevo disparar , o lanzar bombas de clavos.
Ibrahim protestaba con su voz, y alimentaba el sentimiento de unión de sus vecinos. Es difícil sostener la alegría en medio de la amenaza, pero él era capaz de conseguirlo. Ibrahim apareció ahogado en un río, le habían dado una paliza, y arrancado sus cuerdas vocales. Pero a Qashush lo mataron por segunda vez, cuando el régimen organizó una manifestación en apoyo de Asad, y utilizaron las mismas entonaciones y ritmos que los de él, para alabar a Bashar.

Ali Ferzat es un dibujante famoso. Curiosamente, hace años -antes de la revolución-  tuvo la posibilidad de reunirse con Bashar, en la era en la que este se mostraba aperturista y conciliador y en una ocasión que convocó a varios artistas para escucharlos. En medio de la sublevación, Ferzat realizó una serie de caricaturas en la que se mofaba abiertamente del presidente. Poco después, un enmascarado, lo secuestró, le pegó una paliza, y de paso, le rompió los dedos. Querían que no volviera a dibujar nunca más. Querían que no volviera a hacer lo que en Siria estaba prohibido hasta entonces: expresarse libremente.

 Ferzat Jarban significó una amenaza real para Bashar y sus matones, el día que comenzó a grabar las protestas, pues no existía cobertura mediática de las mismas, ni tampoco una prueba de su existencia para el  exterior. Se convirtió en los ojos que filmaban lo que una parte del mundo intentaba silenciar. Los vídeos que él y otros activistas grababan se subían desde pequeños centros de prensa improvisados en cualquier refugio o casa considerada medianamente segura por su situación, aunque la lluvia de bombardeos no aseguraba la salvación para ningún privilegiado.  Ferzat murió sin ojos. Se los arrancaron. Fue su castigo. Le quitaron los ojos que vieron y retrataron en movimiento lo que el régimen hacía al pueblo: asesinar, torturar.

De Ruqqia Hassan, conocimos la confirmación de su muerte a inicios de este mismo año. Ruqqia era mayor que yo en unos años, no muchos, pertenecíamos a una misma generación. Nacimos en la misma ciudad, Raqqa. Seguramente, y teniendo en cuenta que todos nos conocíamos, en algún momento nos tuvimos que cruzar. ¿Quién me diría a mí que años después estaría desde aquí escribiendo sobre su asesinato? A Ruqqia fue Daesh quien le arrebató la vida. Lo hizo por reportar la verdadera vida de Raqqa en su cuenta de Facebook. Días antes ella advertía en un estado en Facebook  "Estoy en Raqqa y he recibido amenazas de muerte. Está bien si el ISIS me captura y me mata, porque aunque me estén cortando la cabeza mantendré mi dignidad, y eso es mejor que vivir humillada" .Ruqqia, bajo el seudónimo de Nissan Ibrahim actualizaba sistemáticamente su estado de FaceBook con textos inteligentes que transmitían el horror de Raqqa. Poco después de su último estado, fue detenida durante dos meses, después, ejecutada. No quisieron devolverle el cadáver a la familia.



Khaled Essa representaba en cuerpo y espíritu la esencia de su lugar de nacimiento: Kafranbel. Valiente fotoperiodista, su lente era una de las más valoradas de la revolución. De él ya hablamos unas entradas atrás, informando sobre el explosivo que se detonó en la entrada del edificio en el que vivía junto a su compañero que también resultó herido, pero éste, tuvo más suerte que Essa. Hace una semana pedíamos para el fotoperiodista una visa humanitaria para trasladarlo a un hospital de Alemania donde podría curarlo. Alemania actuó correctamente y agilizó los trámites necesarios. Cuando Essa tenía la visa, falleció. Se señala a Al-Nusra como responsable del acto que le arrebató la vida a Khaled. Nos queda su trabajo, al igual que los otros súper héroes de la revolución, que lejos de las armas, emplearon lo que mejor sabían hacer para darle voz a un pueblo olvidado, silenciado y masacrado. La Siria de verdad, siempre os recordará.