sábado, 26 de marzo de 2016

"Ojalá se olviden de nosotros"


Fuente de la imagen: Capital.com


Hace unas 48 horas desde el último fugaz y espeluznante mensaje que pudimos recibir desde Raqqa. Después de lo sucedido en Bruselas, las represalias aéreas se intensificaron, el pánico y la alarma se elevaron a su máximo exponente y el caos parece avecinarse, de nuevo, a Raqqa. 

El mensaje no decía nada a simple vista aterrador, nada que un lector que se limite a leer una frase pudiera destacar. "Ojalá nos dejen en paz" es  una frase que puede encajar en contextos muy diferentes. Leyendo entre líneas, extraías con empatía y tristeza el cansancio y explosión mental que viven sus habitantes. 

Nunca hablamos claro cuando podemos hablar con los que están allí, porque sabemos el peligro que esto conlleva. Son frases normales, aparentemente sin significado profundo, aunque algunas de ellas van encriptadas. Hemos conseguido confeccionar un lenguaje nuestro, único, por desgracia fruto de la vigilancia y el dolor. Otras veces son relatos de lo que he hecho en un día normal "Fui a clase, hablé con tal profesor, di un paseo por el parque, hice una tortilla de comida, vi una película, dormí tranquilamente". Contarle a una persona que está viviendo en el epicentro del terror lo que has hecho en tu jornada le puede resultar un relato de ciencia ficción, o una novela agradable. Después de los atentados de Bruselas, el último mensaje nos avisaba de que "estaba lloviendo*" y terminaba con un "ojalá se olviden de nosotros".

Me dio mucho que reflexionar sobre esta frase. De como un pueblo que reclama desesperadamente atención, termina empujado por la desesperación y el agotamiento psíquico pidiendo que hasta prefieren que se olviden de ellos. Normal, si es que el mundo solo se acuerda de Raqqa para bombardearla, y solo la conoce por ser el nido de yihadistas, a los que hay que aniquilar. 


*Es una de las maneras que utilizamos para hablar de los bombardeos. 

lunes, 21 de marzo de 2016

El día de la madre



Hoy es el día de la madre en Siria. Recuerdo que cuando vivía en Raqqa era una festividad importante, sobre todo en la guardería donde se montaba un festival explícito para esta celebración.

Es un día, como otros, para la reflexión y el reconocimiento. También para la tristeza y el valor. Se me vienen a la mente muchas cosas. Hoy intentaba recordar algo de esos 13 días de la madre que viví en Siria, pero en ese intento se entrometieron imágenes y situaciones que no he vivido: Las de estos últimos cinco años.

Al intentar echar la vista atrás, y recordar esos días felices me sentí egoísta sin darme cuenta. Rápidamente, se me vinieron a la mente las madres que perdieron a sus hijos en la guerra, aquéllas que tienen a sus hijos preso o que han sido víctimas de la tortura o de atentados. También, las otras que sacrifican su vida y su alma para sacar del país a sus hijos, las mismas que después son capaces de pasar hambre y penuria con tal de que sus niños se lleven algo a la boca, que también bañan a sus bebés con el agua de la lluvia en esos campos de refugiados donde ni tienen agua potable. Os hablo de las madres que no llegan a serlo por los abortos que causan estas circunstancias extremas. Y también os hablo de los hijos que por culpa de la guerra y sus consecuencias pierden lo más valioso de esta vida: a sus madres.

No tengo muchas más palabras que sentimientos fuertes brotando. La impotencia sigue creciendo, y la justicia en estado de espera. Europa ha firmado su sentencia de muerte hace tres días, y las conversaciones de paz, son eso, conversaciones de café que se aplazan por motivos banales, que esconden tras de si la evidencia clara de los intereses.

Hoy es el día de la madre en Siria, y me gustaría que pensáramos un mensaje en el corazón para todas ellas.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Los precios de los bienas básicos hoy en Raqqa

Traduzco las cifras actualizadas proporcionadas por fuentes desde Raqqa (RBSS):

Azúcar 375 liras sirias

Tomate 250 liras sirias

Carne 2.400 liras sirias (1kg)

Berenjena 400 liras sirias

Patatas 250 liras sirias

Leche 175 liras sirias

Yoghourt 250 liras sirias (1kg)

Pan 200 liras siras (10 rebanadas)


Llevarte a la boca algo es difícil, pero más lo es vivir todos los días bajo un Estado Policial que mide hasta los centímetros de ropa que llevas, y donde puedes ser castigado con latigazos por el mero hecho de respirar, si así lo quieren.



El número no borra la causa

Hoy es ese día en el que todo el mundo dice que la guerra y los bombardeos empezaron hace cinco años. Es cierto que un lustro atrás, comenzó un levantamiento popular, con la intención de pedir una serie de derechos democráticos de los que Siria se veía privada desde los años 70's. Cierto es que el gobierno de Bashar respondió con una brutalidad desmedida (Como la que sigue ejerciendo hoy) y se configuraron ciertas fuerzas de resistencia. Pero no fue hasta 2012 cuando se inició el conflicto armado.
Hoy, tonta de mí, tenía ganas de ponerme de malhumor y entré al Facebook de ese gran periódico El País. Lo peor que puedes hacer, después de leer las noticias del El País, es ponerte a leer los comentarios de su público. Me topé con algún comentario como "Que los refugiados que no vengan a España que aquí ya hay mucha desgracia" y que un sujeto estaba hasta las narices de Siria "porque aparece en todos los medios y otras guerras no".
Pensé en contestarle pero hoy no es día para lidiar con troles. Es cierto que existe una sobre-información sobre Siria, pero eso no quiere decir que sea cierta o le haga justicia. Es más, existiendo, la gente sigue sin saber qué pasa exactamente en nuestro país, y tampoco es que nada se solucione ¿Hay peor prueba de fracaso y contradicción?
Me da igual que sean 5 o 4 años. La realidad es una y no se puede obviar: El pueblo sirio después de todas esas muertes, esos desplazamientos, esas penurias, la hambruna, la desgracia y el desgarro, sigue saliendo hoy a las calles para manifestarse y pedir lo que pedían cinco años atrás. Esas peticiones deben de ser verdaderas cuando todavía persisten después de conocer el horror más descarnado. Ese pueblo, debe de ser invencible y yo estoy orgullosa de tener una parte de él en mí.


Orientalismo y mujeres





No dejo de ver en la prensa occidental y redes sociales la euforia y la admiración con la que se alaba a las mujeres kurdas que combaten en la guerra como ejemplo de dignidad y valentía.
No tengo ningún problema con que las mujeres kurdas cojan su arma para defenderse (1). Tampoco lo tengo en lo referente a la causa por la que lucha su pueblo, como cualquiera que abogue por la libre determinación, pues es indiscutiblemente legítima.
Sin embargo, nada se dice del resto de mujeres sirias que están en otras partes del territorio, que las doblan o triplican en número, y que están haciendo labores humanitarias, desde el sector de la educación a la sanidad (entre escombros) pasando por llevar a cabo labores de concienciación (en secreto) dentro de ciudades como Raqqa para alejar a los más jóvenes del adoctrinamiento de Daesh.
Ellas también son símbolo de valentía y dignidad. Aunque muchas lleven velo, y claro, eso es muy poco occidental y...vende mucho menos.
(1) en la mayoría de los titulares se señala que luchan contra ISIS, pero lo cierto es que los kurdos llevan a cabo ofensivas contra otras facciones no vinculadas al Daesh.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Tienes suerte...



Fuente de la imagen: koboonga 
Querido lector/a: 

Si estás leyendo estas líneas, es porque tienes suerte. Entiéndeme, no porque sea un texto mío, sino porque seguramente el que estés leyendo esto, quiere decir que de alguna manera que estás a salvo. 

Tienes suerte porque además para leer esto, tendrás que disponer de Internet y por lo tanto electricidad para poder saber que pasa en el mundo fuera de tu ciudad y poder comunicarte con los tuyos. En la ciudad en la que yo nací no pueden decir eso, ni tienen tanta suerte. Ni yo tampoco la tengo por no poder hablar con ellos. En el caso en que lo haga, me siento hasta culpable, porque siempre tengo miedo a que algo les pase por estar haciéndolo. El tener electricidad también te permite estar al abrigo en estos terribles y fríos días de febrero. 

Tienes suerte también porque seguramente hoy te hayas podido permitir hacer una compra en el mercado. Las cosas están muy mal, pero al menos, te lo has podido permitir comprar bienes básicos sin que sus precios sean extremadamente desorbitados. Después de cocinar, has tenido la suerte de poder ver un poco la tele, o haber escuchado música y quizás después comerte un helado de postre. En la ciudad en la que me crué eso no es posible: porque existen demonios que monopoliza la vida de las personas, y prohíben terminantemente hacer cualquiera de las tres cosas. Porque o bien no existía en la era del profeta que quieren recrear en base al delirio, además eso supone una distracción para orar. 

Mujeres que habéis dudado qué poneros hoy, sois afortunadas. En la orilla del Eufrates las mujeres no pueden decidir lo que visten, están sepultadas bajo capas y capas de tela negra que no dejan entrever ni un milímetro de su rostro. Eres afortunada por poder respirar, y salir a la calle sin tener que hacerlo con la condición de que te acompañe un hombre. Futuras mamás, tenéis suerte  porque el día que vayáis a parir podréis hacerlo tranquilamente, independientemente del número de ginecólogas mujeres o comadronas que haya en ese momento en la ciudad, pues en Raqqa, solo ellas están autorizadas para asistir a un parto sea cual sea sus características. Es un pecado que un hombre vea un parto. 

Queridos niños, sé que no me creeréis, pero tenéis suerte de poder estudiar y de poder ir al cole, y que ello fomente vuestra creatividad y vuestros conocimientos. Tenéis suerte que vuestros colegios sean infraestructuras dedicadas para que podáis crecer, y no se hayan convertido en cárceles o cuarteles. Tenéis suerte de no conocer la guerra y sus consecuencias. Tenéis suerte de tener un mañana y un futuro prometedor ¡Sois afortunados por tener lápices y libros y no haber visto un arma en tu vida! Y es como tendría que ser en todo el mundo. 

Tú, que llegarás en nada a casa y te apetecerá ponerte el pijama, tienes suerte. En ciudades de mi país la situación ha llegado a ser tan crítica que hasta ponerte el pijama supone un privilegio, porque ello presupone descanso y despreocupación, al menos durante unas horas. Los bombardeos son continuos, por lo que mucha gente ni si quiera ya se pone el pijama y está siempre pendiente y lista para cuando tendrá que salir corriendo de su casa. Ni si quiera las ventanas de las casas se cierran para o bien estar alerta o para que los cristales no corten a nadie. 

Tienes suerte porque has venido a casa caminando, y te has encontrado al chico de siempre tocando la guitarra en la plaza. En mi ciudad las plazas no se usan para la música, más bien para llevar a cabo ejecuciones: decapitaciones, crucifixiones, torturas. Para los bárbaros es el entretenimiento que alimenta su odio y su locura. 

En nuestro mundo, por tener suerte, tienen suerte hasta los que no están en él en cuerpo presente, pues en mi ciudad las tumbas son utilizadas como trincheras. Los hijos de puta no dejan descansar ni a los fallecidos. 

Y después de mencionar cuán afortunado eres en poder disfrutar de estas pequeñas cosas cotidianas que quizás no valores, te envidio, porque aunque yo disfrute de ellas también, tú puedes abrazar a los tuyos, y a mí me quedan muchos abrazos y besos que dar ¡Tienes suerte, cabrón!


martes, 16 de febrero de 2016

La Guerra a Distancia

Muchas personas bien intencionadamente me preguntan ¿Cómo lo llevas?
Y yo intento explicar que, bueno, como puedo.

¿Cómo es posible que un dolor tan agudo se torne en un sentimiento cotidiano?
¿Por qué es tan injusto?

Siempre digo, que vivir una guerra a distancia es inexplicable. No puedes transmitir con justicia el dolor de tanto sufrimiento colectivo, la desesperación de temer por los tuyos continuamente, el pánico que entra cuando sabes que están bombardeando tu ciudad, y que algunas de esas malditas bombas han caído al lado de la que fue la casa en donde te criaste y viviste 12 años de tu vida, los primeros, los más frágiles, los decisivos.

Vivir una guerra a distancia te cambia la vida. Creces diez años de golpe, aprendes a luchar con tus miedos, y en algún momento a controlar una ansiedad que en noches, no te dejaba ni dormir. De alguna forma, aprendes a canalizar con mayor o menor éxito tus emociones porque sabes que los que están al otro lado de la orilla necesitan que estés bien y luches por ellos, desde la distancia.

Es tan cruel que algo como el dolor que crea una guerra se convierta en algo normal
¿Por qué hemos dejado que se convierta en ello?
¿Por qué es tan injusto?


No obstante, estoy a salvo y doy gracias, no me queda otra. Otra de las lecciones es aprender a no ser egoísta. Y es que hay algo peor que vivir una guerra a distancia y es, vivir la guerra desde allí, en el lugar donde tu vida corre peligro cada segundo.